El gobierno de Estados Unidos está desdibujando cada vez más las líneas entre la política exterior y la aplicación de la ley interna, con tácticas agresivas desplegadas tanto en el extranjero como dentro de las comunidades estadounidenses. Este cambio está marcado por un poder desenfrenado, una inteligencia cuestionable y una creciente dependencia de la tecnología no regulada. Las consecuencias van desde la desestabilización de gobiernos extranjeros hasta la escalada del conflicto interno.
Venezuela: una intervención fallida y un precedente peligroso
El intento de la administración Trump de forzar un cambio de régimen en Venezuela ha tenido poco éxito, pero sentó un precedente para la intervención directa de Estados Unidos en los asuntos latinoamericanos. A pesar de las afirmaciones de una inminente “invasión” de bandas criminales como Tren de Aragua, los registros de inteligencia revelan que la amenaza fue exagerada, y probablemente justificaría una mayor escalada.
Esta estrategia se hace eco de intervenciones históricas, pero se define únicamente por la voluntad de Trump de ignorar las normas diplomáticas. La situación no se trata simplemente de Venezuela; establece un estándar peligroso para futuros compromisos en la región.
Medidas enérgicas internas: ICE y la erosión del debido proceso
Mientras tanto, el Servicio de Inmigración y Control de Aduanas (ICE) ha adoptado tácticas cada vez más militarizadas dentro de Estados Unidos. Los agentes operan con impunidad, habiendo disparado y matado a más de dos docenas de personas en la última década sin enfrentar cargos penales.
Los métodos de la agencia van más allá de la fuerza bruta:
- Recolección de datos: ICE está buscando activamente herramientas comerciales de “tecnología publicitaria” y “grandes datos” para mejorar las capacidades de vigilancia.
- Operaciones impulsadas por IA: Los informes sugieren que los sistemas impulsados por IA se están implementando sin la capacitación adecuada, lo que podría conducir a identificaciones erróneas y acciones de cumplimiento incorrectas.
- Aplicación agresiva: Estados como Minnesota están demandando al gobierno federal para detener las operaciones de ICE, que caracterizan como una “invasión”.
El auge de las tácticas paramilitares y el marketing político
Las líneas entre la aplicación de la ley y la actividad paramilitar también se están desdibujando. La vigilancia policial de protesta está cada vez más diseñada para provocar antagonismo con fines de marketing político en lugar de mantener el orden. Esta tendencia, junto con la disminución de la necesidad de grupos extremistas como los Proud Boys, sugiere que el gobierno ahora es capaz de autoradicalizarse mediante la acción directa.
IA, desinformación y el futuro del control
La situación se complica aún más por la difusión de contenidos generados por IA. Si bien algunos videos muestran enfrentamientos catárticos entre civiles y agentes de ICE, también contribuyen a un creciente panorama de desinformación. Esto hace que sea más difícil distinguir entre amenazas reales y narrativas fabricadas.
La convergencia de un poder de aplicación desenfrenado, una tecnología no regulada y una inteligencia armada está creando un entorno volátil. Estados Unidos no sólo está exportando sus políticas intervencionistas; está importando las mismas tácticas en casa.
La escalada de la intervención estadounidense en el extranjero y en el país representa un patrón claro: poder sin rendición de cuentas. Las consecuencias a largo plazo incluyen la erosión de las libertades civiles, la desestabilización de gobiernos extranjeros y un riesgo creciente de conflicto interno.





























