Los bancos centrales no fijan las tasas de interés de la nada. Manipulan el flujo real de efectivo en la economía mediante operaciones de mercado abierto. Estas son las compras y ventas diarias de valores gubernamentales por parte de la autoridad bancaria central. El objetivo es simple: regular continuamente la oferta monetaria y las condiciones crediticias. A veces compran. A veces venden.
El mecanismo es sencillo pero poderoso. Cuando un banco central compra valores en el mercado abierto, inyecta dinero en el sistema. Esto tiene tres efectos inmediatos. En primer lugar, aumenta las reservas de los bancos comerciales. Más reservas significan que los bancos pueden ampliar sus préstamos e inversiones. En segundo lugar, el aumento de la demanda de valores eleva su precio. Dado que los precios de los bonos y las tasas de interés se mueven en direcciones opuestas, esto efectivamente reduce la tasa de interés de esos títulos gubernamentales específicos. En tercer lugar, y en términos más generales, presiona a la baja las tasas de interés generales. Los menores costos de endeudamiento alientan la inversión empresarial.
“Cuando el banco central compre valores en el mercado abierto, el efecto será aumentar las reservas de los bancos comerciales, base sobre la cual podrán ampliar sus préstamos e inversiones.”
Lo contrario sucede cuando el banco central vende valores. Saca dinero del sistema bancario. Las reservas se reducen. Los bancos tienen menos capacidad para prestar. Las tasas de interés suben. La inversión empresarial se desacelera. Esta es la principal herramienta para endurecer las condiciones crediticias.
Sin embargo, esta herramienta no está exenta de controversia. En Estados Unidos, estas operaciones suelen involucrar títulos gubernamentales a corto plazo, particularmente letras del Tesoro. ¿Por qué a corto plazo? Los partidarios de este enfoque estrecho argumentan que negociar con valores tanto de corto como de largo plazo distorsiona la estructura de tasas de interés. Creen que esta distorsión conduce a una asignación ineficiente del crédito. El mercado debería determinar las tasas a largo plazo basándose en las expectativas a largo plazo, no en la intervención del banco central.
Los oponentes no están de acuerdo. Sostienen que intervenir en el mercado a largo plazo es totalmente apropiado. Las tasas de interés a largo plazo tienen una influencia directa sobre la actividad inversora a largo plazo. Esta actividad, a su vez, genera fluctuaciones en el empleo y los ingresos. Si el banco central quiere estabilizar estos indicadores económicos más amplios, puede que necesite influir directamente en las tasas de largo plazo.
Aquí también hay un objetivo secundario: estabilizar los precios de los títulos públicos. Este objetivo puede entrar en conflicto con las políticas crediticias primarias del banco central. A veces, el mercado necesita estabilidad en el mercado de deuda más que una postura crediticia específica. Cuando estos objetivos chocan, el banco central tiene que tomar una decisión.
Los observadores siguen divididos sobre la conveniencia de estas políticas. El debate no se trata sólo de matemáticas. Se trata de filosofía. ¿Confía en el mercado para fijar los tipos a largo plazo? ¿O cree que el banco central debe configurar activamente el panorama de inversiones para proteger el empleo y los ingresos? La respuesta determina si las operaciones de mercado abierto se centran estrictamente en la liquidez a corto plazo o se extienden al mercado de bonos a más largo plazo. La elección determina cómo fluye el dinero a través de la economía, para bien o para mal.