El cierre abrupto de la planta de baterías para vehículos eléctricos de Ford, valorada en 1.800 millones de dólares, en el condado de Hardin, Kentucky, ha dejado a 1.600 trabajadores sin empleo y el sentimiento local se centró directamente en el fabricante de automóviles, en lugar de en los cambios políticos que contribuyeron a la crisis. Inaugurada apenas cuatro meses antes, la instalación representó una inversión económica histórica en el condado rural, pero cerró la producción en diciembre, lo que sorprendió a la comunidad.
La raíz del problema: un cambio tardío hacia los vehículos eléctricos
A pesar de los cambios de política liderados por los republicanos que afectan las ventas de vehículos eléctricos, la mayoría de los residentes del condado de Hardin (un grupo demográfico que favorece abrumadoramente a Donald Trump en las elecciones de 2024 (64% de participación de votos)) no atribuyen la culpa a los políticos. En cambio, la ira se dirige a la propia gestión de Ford de la transición a los vehículos eléctricos.
“Ford generó nuestras esperanzas y luego nos las arrebató”, dijo un ex empleado, haciéndose eco de un sentimiento generalizado.
Esta perspectiva subraya una realidad crítica: los fabricantes de automóviles establecidos tardaron en adaptarse al creciente mercado de vehículos eléctricos, lo que permitió a Tesla obtener una ventaja sustancial. La prisa por ponerse al día llevó a inversiones masivas en nuevas plantas, incluida la ahora desaparecida instalación de Kentucky, pero sin suficiente preparación tecnológica.
El panorama general: luchas en toda la industria
Los errores de Ford no son aislados. La industria automotriz en general ha luchado por escalar la producción de vehículos eléctricos de manera eficiente, enfrentando desafíos que van desde interrupciones en la cadena de suministro hasta la integración de software. Si bien los vientos políticos en contra exacerbaron la situación, el problema subyacente es que los fabricantes de automóviles tradicionales no estaban preparados para la velocidad del cambio del mercado.
El cierre de la planta sirve como advertencia: invertir en tecnologías emergentes requiere no sólo capital, sino también un enfoque proactivo y adaptable. La debacle de Ford en Kentucky demuestra los riesgos de retrasar la innovación y las consecuencias de ponerse al día en una industria en rápida evolución.
El abrupto final de este proyecto subraya la fragilidad de las nuevas empresas en un mercado volátil y el costo humano de los errores de cálculo corporativos.






























