Galen Buckwalter, psicólogo investigador de 69 años, es pionero en una nueva forma de expresión creativa al hacer música directamente con un implante cerebral. Paralizado del pecho hacia abajo desde los 16 años, Buckwalter se ofreció como voluntario para un estudio de Caltech en 2024 que involucró una interfaz neuronal de seis chips de Blackrock Neurotech. El objetivo era contribuir a avances que pudieran ayudar a otras personas con discapacidades graves. En cambio, encontró una salida para la creación artística.
La tecnología, conocida como interfaz cerebro-computadora (BCI), está evolucionando rápidamente. Empresas como Paradromics, Synchron y Neuralink están desarrollando estos sistemas para restaurar el movimiento y la comunicación a las personas con parálisis. Pero Buckwalter demuestra que las BCI pueden ir más allá de las aplicaciones puramente restaurativas hacia ámbitos de expresión completamente nuevos. Otros receptores de implantes cerebrales ya han utilizado la tecnología para producir arte digital.
Del pensamiento al tono
En colaboración con el estudiante graduado de Caltech, Sean Darcy, Buckwalter ha desarrollado un algoritmo que traduce su actividad neuronal en tonos musicales. Como líder de la banda de punk de Los Ángeles Siggy durante 29 años, Buckwalter ha integrado estos sonidos generados por la mente en su último álbum, Wirehead, lanzado el 15 de marzo.
Buckwalter explica el proceso como una forma de activación neuronal controlada. Los implantes contienen 384 canales independientes que monitorean su actividad cerebral. Al centrarse en movimientos específicos, como flexionar o extender un dedo del pie, puede activar los tonos correspondientes. “Si pienso en mover mi dedo índice y luego pienso en mover mi meñique, puedo hacerlo en tantos canales sobre los que tenga control voluntario”, dice.
El sistema le permite manipular el tono activando o suprimiendo conscientemente neuronas. El software de Darcy incluye un teclado virtual que requiere un nivel sostenido de salida neuronal para activar los tonos, haciéndolo sentir como si estuviera tocando un instrumento. Actualmente, puede producir dos tonos simultáneamente, aunque cree que es posible ampliar esta capacidad.
Más allá de la restauración: el poder de la exploración creativa
Buckwalter enfatiza la importancia de incorporar las preferencias de los usuarios en la investigación de BCI. “Los investigadores realizan sus experimentos y no siempre consideran cómo hacer que la experiencia sea más interesante para las personas que la utilizan”, señala. Sostiene que explorar la creatividad es esencial para el éxito a largo plazo de la tecnología.
“Seré tetrapléjico por el resto de mis días”, dice Buckwalter. “Pero que esto mejore mis actividades creativas… es increíble. Es muy enriquecedor poder hacer cosas completamente únicas”. Sus compañeros de banda apoyan plenamente su trabajo y la experiencia de escuchar los tonos por primera vez fue “alucinante”.
El proyecto ya se está expandiendo hacia una composición de canción completa generada enteramente a partir de su actividad neuronal, con Darcy actuando como un “girador de perillas” para modular los tonos. El objetivo final de Buckwalter es crear una configuración de DJ completa controlada únicamente por sus pensamientos.
“Este es un territorio nuevo y valiente”, explica Buckwalter. “El hecho de que lo estoy controlando es mucho más evidente con los sonidos. Cuando pienso en mover el dedo del pie y de repente hay un tono, es como, ¡vaya!”.
El trabajo de Buckwalter destaca el inmenso potencial de las BCI no sólo para restaurar la función sino también para desbloquear formas completamente nuevas de expresión humana. La tecnología está yendo más allá de simplemente ayudar a las personas a hacer cosas y hacia permitirles crear de maneras antes inimaginables.






























