Crisis del manto de nieve en el oeste: escasez de agua, riesgo de incendios forestales y estancamiento político

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El oeste americano se enfrenta este invierno a un déficit de capa de nieve sin precedentes, lo que amenaza los suministros de agua, exacerba las condiciones de los incendios forestales e intensifica las ya tensas negociaciones sobre el río Colorado. Los niveles de nieve récord en nueve estados (desde Washington hasta Arizona) no son sólo una anomalía estacional sino un síntoma de tendencias climáticas a largo plazo que están remodelando el futuro de la región.

La sequía de nieve explicada

La situación de este año es particularmente alarmante debido a su escala. Si bien se producen eventos localizados de capa de nieve baja, la sequía actual se extiende a lo largo de una vasta franja del oeste, con niveles de capa de nieve inferiores a la mitad de lo normal en muchas áreas a mediados de febrero. No se trata sólo de menos nieve; se trata de cuando falta la nieve. El déficit es sustancial incluso en términos absolutos, lo que significa que incluso con nevadas promedio durante el resto del invierno, es poco probable que se recupere por completo.

El problema no es únicamente la falta de precipitaciones. Las temperaturas inusualmente cálidas, con algunas áreas cercanas a los 80 °F en febrero, han provocado que las precipitaciones caigan en forma de lluvia en lugar de nieve, incluso en elevaciones elevadas. Esta tendencia se alinea con investigaciones que muestran que el cambio climático está reduciendo los niveles de capa de nieve en todo el hemisferio norte, lo que hace que esos déficits sean cada vez más comunes. El impacto es inmediato: la reducción de la humedad en los bosques significa condiciones más secas, lo que los hace más vulnerables a los incendios forestales el próximo verano.

Las negociaciones sobre el río Colorado están en un punto de ruptura

La crisis del manto de nieve llega en un momento crítico para la gestión del agua en Occidente. Los siete estados que dependen del río Colorado (Arizona, California, Colorado, Nevada, Nuevo México, Utah y Wyoming) están luchando por renegociar las reglas centenarias que rigen el uso compartido del agua. El acuerdo original de 1922 se basó en suposiciones optimistas sobre el caudal de los ríos, que no se han mantenido durante décadas de aumento de la demanda y cambio climático. Embalses como el lago Mead y el lago Powell se encuentran en una situación crítica y la región ha estado agotando sus reservas durante años.

Los estados incumplieron un plazo federal en noviembre para acordar un nuevo marco para compartir el agua, y se avecina otro plazo el día de San Valentín. Los expertos advierten que la crisis actual hace que una situación ya difícil sea “mucho peor” de lo previsto anteriormente. El sistema del río Colorado está operando con reglas obsoletas desarrolladas para una época de mayor abundancia, y la región está efectivamente “gastando en déficit” sus reservas de agua, con la cuenta bancaria ahora casi vacía.

¿Qué está en juego?

Occidente enfrenta un futuro en el que la escasez de agua y el riesgo de incendios forestales son la nueva normalidad. Si bien los cortes inmediatos de agua no son inminentes, la tendencia a largo plazo es insostenible. La crisis no se trata sólo de daños ecológicos; se trata del potencial de inestabilidad política y económica a medida que los estados compiten por recursos cada vez más escasos.

La situación actual es similar a acumular una serie de deudas incobrables: hemos salido adelante gracias a las reservas acumuladas, pero esas reservas ahora están agotadas.

El destino del suministro de agua de Occidente depende de si los estados pueden superar décadas de conflicto y adaptarse a un futuro más seco. Sin una acción decisiva, la región se encamina hacia un verano de mayor peligro de incendios, estancamiento político y una creciente comprensión de que las antiguas formas de gestionar el agua ya no son viables.