La expansión global de las fábricas de baterías chinas: una nueva era de fabricación

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Los fabricantes chinos de baterías están remodelando el panorama energético mundial al expandir agresivamente la producción en el extranjero. Empresas como CATL, BYD y Gotion ya no son simplemente marcas “Hechas en China”; están construyendo fábricas en todos los continentes, desafiando las narrativas tradicionales de mano de obra barata y alta contaminación. Una investigación reciente identificó 68 instalaciones construidas o planificadas durante la última década, lo que señala una nueva fase en la fabricación china donde la eficiencia y el avance tecnológico superan las limitaciones geográficas.

La cara cambiante de la producción global

Esta expansión no se trata sólo de costos de producción más baratos. Las empresas chinas se han vuelto tan competitivas que pueden establecer fábricas en cualquier lugar y aun así superar a los actores locales. El cambio ya está transformando la transición energética, influyendo en los mercados laborales y remodelando la dinámica de transferencia de tecnología. Por ejemplo, Hungría se ha convertido en un centro clave, que alberga al menos cuatro plantas de baterías de propiedad china, incluido un enorme proyecto de 8.500 millones de dólares. Esto convierte a Hungría en un campo de pruebas sobre cómo reaccionarán las comunidades ante esta afluencia de inversión extranjera.

Sin embargo, la transición no es perfecta. Existe escepticismo local con respecto a las prácticas de contratación, con preocupaciones de que las empresas chinas prioricen la mano de obra migrante más barata sobre los trabajadores locales. CATL, el mayor fabricante de baterías de litio del mundo, enfrentó una reacción violenta tras los despidos en su fábrica húngara, lo que provocó una investigación municipal sobre las promesas de contratación. Las preocupaciones medioambientales también cobran gran importancia. Las protestas por el uso del agua y la contaminación reflejan los problemas observados en anteriores fábricas de baterías japonesas y coreanas, destacando los desafíos ambientales inherentes a la producción de baterías. Un tribunal húngaro incluso suspendió la producción de baterías de Samsung por motivos de contaminación, sentando un precedente para una supervisión más estricta.

La realidad sobre el terreno

La expansión no está exenta de desafíos. Varias inversiones en fábricas se han detenido o cancelado, en parte debido a una adopción de vehículos eléctricos (EV) más lenta de lo esperado en algunos mercados. Las empresas chinas formularon planes agresivos cuando los subsidios gubernamentales eran abundantes, pero los cambios de política, como la cancelación de los incentivos a los vehículos eléctricos durante la presidencia de Trump, obligan a una recalibración. Incluso Europa, que alguna vez se comprometió a eliminar gradualmente los automóviles a gasolina para 2035, está reconsiderando su cronograma.

A pesar de estos obstáculos, los fabricantes chinos de baterías se están diversificando. A medida que la demanda de vehículos eléctricos fluctúa, están girando hacia soluciones de almacenamiento de energía, reconociendo que la demanda de baterías residenciales y a nivel de red es menos controvertida políticamente. Empresas como Ford y Envision AESC están cambiando la producción para satisfacer esta creciente necesidad, garantizando que las inversiones no se desperdicien.

La transferencia de la ventaja tecnológica

La dinámica subyacente es una reversión de las transferencias de tecnología pasadas. Durante décadas, los fabricantes de automóviles occidentales intercambiaron conocimientos para acceder al mercado chino. Ahora, las tornas han cambiado. El director ejecutivo de Ford, Jim Farley, declaró abiertamente que el objetivo es “obtener acceso a su propiedad intelectual”, tal como alguna vez las empresas chinas buscaron experiencia occidental. El presidente francés, Emmanuel Macron, se hace eco de este sentimiento y enfatiza que la inversión china es bienvenida sólo si contribuye al crecimiento europeo y facilita la transferencia de tecnología.

Este enfoque reconoce que la visión a largo plazo reside en la tecnología de las baterías, no sólo en el petróleo. Como lo expresó un experto de la industria, “el único juego a largo plazo al que seguimos apostando es el petróleo, que, francamente, no muestra visión alguna”. El cambio global hacia las baterías es inevitable y los países están corriendo para asegurar su lugar en la nueva cadena de suministro.

En conclusión, la expansión de las fábricas de baterías chinas no es sólo una tendencia económica; es un cambio geopolítico con implicaciones de largo alcance para el trabajo, el medio ambiente y el dominio tecnológico. El mundo ahora está lidiando con las consecuencias de esta transición, a medida que la innovación y la inversión chinas remodelan el futuro de la energía.